La calumnia

 
 
 
 
Puede una gota de lodo
sobre un diamante caer;
puede también de este modo
su fulgor oscurecer;
pero aunque el diamante todo
se encuentre de fango lleno,
el valor que lo hace bueno
no perderá ni un instante,
y ha de ser siempre diamante
por más que lo manche el cieno.


Rubén Darío

La mirada de Benedicto XVI

 
Este Papa para mi es muy querido. He tenido la suerte de tropezarme con su mirada en varias ocasiones. La primera vez en la JMJ de Colonia. Ya allí nos sorprendió a todos con su gesto tierno y sencillo, sus palabras claras. No era Juan Pablo II, pero el sentimiento junto a él era: estar junto al Papa. Conseguí verle cerca pero de lejos, y al terminar todo, buscando la salida junto a una valla... inesperadamente estaba él con su sonrisa tranquila y cercana, captando mi ilusión y mi sorpresa.

Roma, primer funeral de Juan Pablo II, Benedicto XVI pasea con su papamóvil y nos bendice. Otra vez su mirada alegre, me encuentra en primera fila de una barrera.

De nuevo en la Jornada de la Familia en Valencia, esperando junto a unos bebés en brazos de sus padres, el Papa se acerca y vuelve su mirada llena de paz a tropezarse con la mía.

Y Madrid, la inolvidable JMJ. Allí su mirada es joven, emocionada, alentadora, magnífica... Sólo los millones de personas que estuvimos allí... sabemos que es inexplicable. Vivirlo fue un privilegio.

Ahora su decisión nos sorprende, porque nuestra mirada está dirigida a cosas insignificantes, la suya mira hacia lo importante. No nos da la espalda, no nos deja solos. Benedicto XVI tiene una mirada de largo alcance. No importa que ya nunca más - a partir del 28 de febrero- podamos volver a encontrarnos con sus ojos, lo que importa es que sepamos dirigir los nuestros hacia donde él mira.

¿Las matemáticas de la vida?



La vida es... una variable infinita,
Suma, resta, divide, multiplica...
Todos somos un poco dividendos divididos,
o exponentes sorprendidos.
Los sumandos aparecen de vez en cuando,
pero al que quiere sumar
le sirve hasta la contrariedad.
Al que resta cualquier razón
le acobarda el corazón.
 





Tal es la inspiración



 
 
 


Los antiguos hablaron de la Musa.
Del Numen Don Manuel Josef Quintana
(naturalmente, entre signos de admiración).
Otros de ángel, de duende, de un dedo celestial
y otros mil artilugios
que en un Pérez -afirman- levantan un Poeta.

La experiencia prefiere dejarse de cumplidos:
obstinada, nos habla
más bien de madres locas, de padres coroneles,
de palizas borrachas
o largas tardes grises meditando la lluvia
en la ventana de la soledad
como si cada verso tuviera en su pasado
un niño con las alas malheridas

 
Miguel D´Ors